Lueguito de los 35 años, circunstancias que nosotros ya atravesamos hace rato, cuando nos acercamos más bien a la mitad de la vida... ...no solo llegan cambios físicos, sino que también preguntas, cuestionamientos sobre qué esperamos del futuro, qué esperamos de nosotros en el futuro... ...habiendo mirado todo lo que ya hicimos hacia atrás. En el trabajo, en la escala personal, este puede ser un punto de inflexión, una especie de bisagra entre la vida que tuvimos y la que tendremos. ¿Cómo podríamos enfrentar la crisis de la mediana edad? Es una pregunta que me hago todos los días y que Miranda Aspenos contesta en la siguiente nota. Cuando nos acercamos a la mitad de la vida, inevitablemente miramos hacia atrás y nos preguntamos qué hemos hecho bien, qué hemos logrado y si queremos seguir viviendo de la misma manera. Es la crisis de la mediana edad, más conocida como crisis de los 40, un periodo que transita entre los 35 y 50 años... ...en que por motivos biológicos, sociales y culturales, comienza un cuestionamiento de la identidad y del paso del tiempo. Es gatillada fundamentalmente por ciertos cambios biológicos que tienen que ver con la menopausia en el caso de la mujer y la andropausia en el caso del hombre... ...que tiene que ver con la disminución del impulso sexual. Y eso hace que se gatille de alguna manera un momento en que los sujetos empiezan a mirar el declinamiento de ciertas capacidades corporales, biológicas... ...hay una transformación de la vida familiar, muchas veces se enfrenta a hijos, a la crianza más intensa, a hijos adolescentes por ejemplo... ...padres también que van envejeciendo, entonces todo eso va generando como esta redefinición también de sí mismo. Yo soy el amor de mi vida. No tengo tiempo. Mis amigas se casan, tienen hijos, quiero sentir que lo nuestro también va en esa dirección. Distintos estudios lo respaldan. La investigación histórica sobre la curva de la felicidad concluye lo mismo. Cerca de los 47 años se registra el nivel más bajo de esta curva. Una etapa marcada por la incertidumbre sobre las elecciones personales y laborales. Si las personas por ejemplo no han sido tan exitosas en su vida laboral, no han tenido estabilidad durante su vida laboral, por supuesto eso va teniendo efectos también en su autoestima, en su forma de vivir la vida social. Puede ocurrir que los sujetos se vuelvan a plantear quiénes son, qué querían, si lo que querían lo lograron o no, en qué medida quieren lograrlo, en qué medida quisieran cambiar. Eso hace que muestren más síntomas como por ejemplo impulsividad o hayan separaciones o hagan cambios de repente más drásticos, digamos. Si nos enfocamos en factores que van más allá de lo biológico, algunos autores apuntan a que la crisis de los 40 es una respuesta a cómo vivimos, en una sociedad donde el éxito pesa mucho. E incluso aspectos que antes eran impensados, como competir en lo laboral con la inteligencia artificial y empezar a cuestionarnos cuál es el propósito de lo que hacemos. Por ejemplo, la valoración de la juventud o como por ejemplo el logro y obtener ciertos resultados, digamos. Por lo tanto, también la crisis depende de la cultura donde tú estás inserto, el lugar donde te desarrollas y en función de eso es la intensidad o las características que puede tener. Que hace que algunas personas puedan sentirse reemplazables en su trabajo, lo cual puede generar angustias que no necesariamente habían antes. Y está el desafío justamente como de la actualización constante. Pese a que todos enfrentamos dificultades, el género marca una diferencia. Los expertos aseguran que uno de los mayores conflictos es la multiplicidad de roles que asumimos las mujeres. Y según un estudiante, el género marca una diferencia entre los mayores conflictos y los mayores conflictos y los mayores conflictos. publicado en la revista Social Sciences, las mujeres entre 30 y 65 años dedican considerablemente más tiempo que los hombres a tareas domésticas, crianza y cuidados. Para las mujeres la crisis de la edad media es muy interesante porque, por ejemplo, algunas mujeres en esa etapa salen mucho más al mundo, salen más del ámbito privado, del cuidado de los niños y se enfrentan a un cambio, pero también es una crisis fuerte porque hay una exigencia donde ya la crianza tiene menos demanda, pero hay una exigencia desde lo social. Sin embargo, repensar quiénes somos y cómo nos movemos en el mundo puede ser una oportunidad de cambio. Como la palabra crisis lo dice, si bien es porque es muy marcante, no necesariamente el significado es negativo, sino que implica una transición. Integrar las frustraciones puede ser un buen punto de partida en este recorrido, una revisión de altos y bajos, hacer un balance de lo vivido. Es una etapa que en realidad necesita tener el valor de enfrentar la incertidumbre del futuro. Aceptar como vivir eso, como tener esa apertura a esa pregunta, ¿no es cierto? Poder estar abierto a que eso es una oportunidad y la transformación de sí mismo es algo necesario para poder estar abierto a esas nuevas oportunidades. Ayudarte con amistades, con vínculos, con afectos, creo que podría ser útil y eventualmente si es demasiado fuerte o intensa, también posiblemente acudir a algún tipo de ayuda profesional. La crisis es un recordatorio para volver a mirarnos y así entender que siempre estamos a tiempo de redirigir cómo vivimos y relacionamos y que sin importar la etapa de la vida, la clave es y sigue siendo la comunidad.