El peso de las ideas. Por Cristián Castro

lemondediplomatique.cl - 09/05/2026 19:40:00


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9 de mayo de 2026 E l contraste entre Ricardo Lagos y José Antonio Kast no es solo político: es, ante todo, intelectual. No deja de ser revelador que Kast haya recurrido recientemente a una frase de Lagos —aquella que sugiere que sin una base económica sólida “el resto es música”— para ironizar sobre el debate público. El gesto tiene algo de paradoja: se invoca una fórmula nacida de una tradición de pensamiento estructurado para relativizar precisamente aquello que le da sustento. En esa apropiación liviana hay más que una diferencia retórica; hay una distancia profunda respecto de lo que significa construir ideas con densidad analítica y trayectoria. Esa trayectoria comenzó temprano. La tesis de pregrado de Lagos, dedicada a la concentración del poder económico en Chile, no fue un mero requisito académico: fue un diagnóstico ambicioso sobre la estructura de la sociedad chilena. En ella se articulaba una preocupación por cómo la acumulación de poder en pocos actores condicionaba no solo la economía, sino también la política y la vida social. Identificar un problema estructural, dotarlo de marco teórico y anclarlo en la realidad nacional es el ejercicio de quien no solo estudia derecho, sino que intenta comprender el país en que vive. La tesis doctoral profundizó esa línea. Centrada en los factores estructurales de la industria chilena, incorporó herramientas de la economía moderna para explicar por qué la industrialización mostraba limitaciones persistentes. No es casual que ese trabajo terminara publicado como libro: su valor no residía en la obtención de un grado, sino en su capacidad de intervenir en una discusión más amplia. Lagos pertenecía además a una generación —la de Cardoso, Faletto, los intelectuales vinculados a la CEPAL— que buscó repensar América Latina desde categorías propias: comprender sus dependencias, sus asimetrías, sus posibilidades, para transformarlas. Había allí un proyecto colectivo con vocación explicativa e incidencia real. Kast encarna otra cosa. No una tradición de pensamiento, sino su sustituto más cómodo: la importación ideológica. El desdén por la investigación que culmina en libros, la ironía ante el gasto en universidades y ciencia, no son posiciones originales: son ecos de un antiintelectualismo que recorre hoy la derecha global, de Bolsonaro a Trump, de Milei a los epígonos europeos de esa misma ola. Lo que en otros contextos se presenta como populismo de raíz, en Chile llega como copia. Y eso dice algo: una derecha que no piensa desde su propio país no necesita investigación local, no necesita universidades que produzcan conocimiento situado, no necesita libros que interroguen la realidad nacional. Le basta con traducir. El problema del copy/paste ideológico no es solo político. Las políticas importadas sin mediación intelectual llegan sin los anticuerpos que solo da el conocimiento del terreno. Y cuando no funcionan, la respuesta no es repensar: es buscar otra receta. La existencia de proyectos intelectuales de largo aliento no es un lujo académico, sino una condición para orientar la acción política. Sin marcos interpretativos construidos desde la propia realidad, la política se reduce a consignas importadas, intuiciones de segunda mano o gestos que replican escenografías ajenas. Y aunque para algunos esa dimensión resulte innecesaria, sin ella el debate público pierde profundidad y el país, rumbo. La preparación intelectual de la clase dirigente es clave para un país. El resto es música, y de la mala. ___ Cristián Castro, Director Historia UDP